Martes 20.08.2019

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15/07/2019

Columnas y Opinión

POR BERNARDO STAMATEAS

Hablemos de cambios

Muchas veces, cuando necesitamos un cambio en nuestra vida, esperamos que este sea grandioso y que todo el mundo a nuestro alrededor lo note. Pero no siempre sucede de esa manera. En ocasiones los cambios son imperceptibles. Pero si nos mantenemos firmes en nuestro propósito, tarde o temprano se comienzan a percibir.

Lo cierto es que un solo cambio pequeño tiene la capacidad de traer consigo una catarata de cambios. Como una ficha de dominó que tiramos y, al caer, empuja a las que vienen atrás. Mucho se habla de los “círculos negativos” o los “círculos viciosos”. Pero también existe lo que se denomina un “círculo virtuoso”. Y este siempre arranca con un cambio pequeño. 

Dicho cambio, que tal vez no parezca gran cosa, puede mejorar la atmósfera de un grupo. Por ejemplo, un equipo de fútbol con once jugadores altamente motivados, cuando sale a jugar es como si tuviera el doble de jugadores. Para lograr un objetivo solamente necesitamos un cambio pequeño porque lo mínimo suele ser lo máximo. 

Ya sea que nos gusten o no los cambios, la vida es cambio permanente y no podemos detenerlo. Todo cambia. Todos cambiamos. Por eso, para no sufrir con los cambios que inexorablemente se producirán en nuestra vida por diversos motivos, haríamos bien en aprender a gestionarlos. 

¿Por qué a veces nos resistimos al cambio? 

Por lo general, se debe al paradigma que tenemos. Es decir, a una determinada manera de pensar que nos limita por su rigidez. Cada persona piensa que el mundo es de cierta forma y eso la conduce a sentir y actuar como lo hace. Cuando dicha estructura mental es negativa, la manera de percibir la realidad será negativa también. 

Cada uno de nosotros ve la realidad no como en verdad es sino de acuerdo a su propio paradigma. Este nos mantiene tranquilos en una “zona de comodidad”: lo que conocemos y manejamos bien. Por esa razón, podemos resistirnos a lo nuevo y negarnos a salir de donde estamos. Hacerlo nos provoca ansiedad porque implica entrar en un terreno desconocido. 

Algunas personas, frente a una propuesta o una sugerencia, inmediatamente dicen que no (“no se puede”, “no es posible”, “no soy capaz”, “no tengo plata”, “no me exijas tanto”, “no es seguro”, etc.). La oposición a lo nuevo puede deberse a dos causas: 

  • Miedo al cambio. Las personas conservadoras le temen a la innovación y huyen de esta. Creen que al negarse, evitan el cambio. Pero, como ya mencionamos, nadie puede escapar de este porque es parte de la vida, nos guste o no. 


  • Falta de expectativas en otro lado. A algunas personas nada las motiva por fuera de aquello a lo que se dedican a diario (aunque hagan lo mismo durante años). Como resultado, no están dispuestos a asumir compromisos nuevos y se sienten incómodos cuando son exigidos.

Para concluir, si anhelamos una mejora significativa en todas las áreas de nuestra vida, tenemos que apuntar a la expansión. Expandirnos siempre transforma las estructuras pero requiere, sí o sí, de cambios. ¡Hagámonos amigos del cambio!



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