Martes 20.08.2019

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23/07/2019

Columnas y Opinión

POR BERNARDO STAMATEAS

Hablemos del dolor

Cuando atravesamos la experiencia de perder a un ser querido, sentimos dolor. Este es un recordatorio de que hemos amado a esa persona que ya no está a nuestro lado y surge una nueva forma de relacionarnos con él o ella. Esto sucede porque, a pesar de que ya no está afuera, seguirá estando por siempre dentro de nosotros a través de los recuerdos. 

El duelo es sin duda un trayecto doloroso y duro que necesitamos transitar y de ninguna manera deberíamos evitar. Es la ausencia de quien partió lo que nos genera dolor emocional. Nos duele la pérdida porque escogimos amar y, como resultado, nos apegamos a la otra persona. Hacemos duelo porque hemos amado con profundidad pero, aunque duela, siempre vale le pena amar.

Existen tres mitos sobre el dolor que quiero invitarte a analizar a continuación:

  • El dolor es un problema que tengo que solucionar. Falso.

Cuando percibimos el dolor de la pérdida como un problema, muy probablemente daremos este tipo de consejos a la persona que experimenta esta emoción: “Hacé cosas para distraerte”. O tendremos la buena intención de ayudarla para que se levante pronto diciendo: “Yo también pasé por esto y sé lo que es”. El dolor no es un problema a solucionar. Quien sufre la ausencia reciente de alguien amado solo precisa de nuestra presencia silenciosa que le demuestre que está acompañado y contenido.

  • El dolor es una etapa que tengo que superar. Falso.

Dure lo que dure el dolor se trata de un camino a recorrer que nos transforma y termina por agotarse. El dolor no es algo que se supera pero deber ser expresado (y no reprimido) en un entorno seguro para que acabe por evolucionar y cambiar junto con nosotros. Jamás debería apurarse a nadie, pues cada ser humano vive este proceso, que podríamos comparar con un túnel oscuro por momentos, en sus tiempos y a su manera. 

  • Tengo que hallar la respuesta de “por qué me pasó esto”. Falso.

Es importarte saber que el dolor es una pregunta sin respuesta. Si bien es normal preguntarnos: “¿Por qué?” y a veces podemos hallar alguna pista, por lo general, no hay respuesta a “por qué pasó lo que pasó tal y como pasó”. Cuando logramos aceptar la situación es que finalmente llega el alivio.

El dolor es una parte inevitable de la vida y, al igual que el amor, va mutando con el tiempo. Intentar negarlo frente a una pérdida sería como intentar que no nos duela cuando nos golpeamos o nos quemamos. No necesitamos hacer nada en especial, sencillamente dejar que el dolor venga y abrazarlo sin resistencia, observándolo sin cuestionamiento.

Si bien el dolor es universal y nos iguala a todos, el sufrimiento es algo que cada persona elige. Para explicarlo mejor: “lo que siento” es dolor; mientras que “cómo interpreto eso que siento y qué hago con ello” es sufrimiento. El dolor se vuelve sufrimiento cuando queremos evitarlo a toda costa y luchamos contra este. Pero, como dijimos, cuando nos atrevemos a mirarlo a los ojos y experimentarlo en plenitud, viene la aceptación y el descanso.

El dolor nos dice que estamos vivos. 



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