Sábado 07.12.2019

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07/10/2019

Columnas y Opinión

POR BERNARDO STAMATEAS

El instrumento más poderoso: el amor.

Hoy en día, aquellos que tenemos contacto con la gente, somos testigos de un sinfín de problemas que se suscitan en las relaciones interpersonales. Muchos, ya sea que se trate de parejas, familiares cercanos o amigos, se pelean y luego se reencuentran… para volver a distanciarse con el tiempo. 

Pero la mayoría de nosotros ignoramos que contamos con un instrumento poderoso, tal vez el más poderoso que existe, a la hora de relacionarnos: el amor. Cualquier circunstancia negativa es transformada por el amor. Pero la cultura en la que nos movemos ha distorsionado su significado grandemente. Es así como los jóvenes (y algunos no tan jóvenes) creen que lo que “sienten” por alguien es amor, cuando en realidad no lo es. El amor no consiste en: “Te quiero un día, o dos días, a la semana pero el resto del tiempo sigo con mi vida solo, sola”. Quien en verdad ama lo hace todos los días del año. 

Enamorarse de otra persona tampoco es sinónimo de amar. Porque, por lo general, el enamoramiento tiene fecha de vencimiento. Por ejemplo, hoy puedo ser fanático de un músico y seguirlo a todas partes y, mañana, ya no me es posible seguirlo y mi fanatismo desaparece. El mismo mecanismo opera en las relaciones con los demás. Algunos confunden enamoramiento con amor pero en realidad es “pura biología”, “pura pasión”. 

A todos nos ha sucedido, cuando nos enamoramos, que no fuimos capaces de ver los defectos del otro. Es más, lo consideramos casi perfecto durante el tiempo que duró dicho estado que, en la mayoría de los casos, es de alrededor de nueve meses. En cambio, cuando pasamos de estar enamorados a amar a alguien, somos capaces de ver tanto lo bueno como lo no tan bueno del otro y, aun así, elegimos seguir a su lado. 

¿Qué es entonces el amor?

¡Muchísimo más que un sentimiento! Los humanos somos seres emocionales, antes que racionales, y vivimos proyectando lo que sentimos en las personas que nos rodean. Cuando proyectamos algo negativo, no nos estamos basando en hechos sino en emociones. Pero el amor, cuando es verdadero, se fundamenta en la acción y no en la emoción.

Es por ello que una persona necesitada de amor, porque no lo recibió en la infancia, irá por la vida en busca de otra persona que le brinde aquello de lo que carece. Lo cierto es que todos tenemos algún tipo de carencia afectiva pero, cuando aprendemos a darnos a nosotros mismos lo que necesitamos a nivel emocional, ya no necesitamos procurar que alguien más nos lo dé. Y en eso consiste precisamente el amor: 

Dar sin esperar nada a cambio.

Dar por el placer de dar. Primero a nosotros mismos, lo cual no es egoísmo sino una estima sana. Y luego a los demás. Pero para ser capaces de experimentarlo en carne propia, debemos sanar primero nuestras heridas afectivas y saldar toda cuenta pendiente que arrastramos de una o varias etapas de la vida. Solo aquel que no tiene “agujeros emocionales”, de carencias en su niñez, puede construir relaciones interpersonales sanas y placenteras y compartir la felicidad con otros.



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