Jueves 05.12.2019

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29/11/2019

Columnas y Opinión

POR BERNARDO STAMATEAS

Deseo vs. temor

Todas las personas, aun cuando no lo confesemos, albergamos deseos. Pero también, aunque no seamos conscientes de ello, sentimos miedo. Ambas emociones que son universales se oponen. Quiero pero, a la vez, temo. El miedo es en el fondo un “mecanismo de defensa” para sobrevivir cuando estamos ante lo que percibimos como un peligro. 

Es por esa razón que, incluso cuando enfrentamos algo nuevo, o debemos correr un riesgo, o estamos por arrancar un emprendimiento o alguna clase de estudio, estamos entusiasmados y con ganas de hacerlo pero, al mismo tiempo, tenemos miedo. Es perfectamente normal sentir algún temor, hagamos lo que hagamos. Pero, ¿cuál es el origen de esta emoción que, si permitimos que nos controle, puede volverse tóxica?

El accionar del ser humano primitivo. Conocido como “el hombre de las cavernas”, él ya sintió miedo al tener que salir al mundo exterior. Pero, de ningún modo, dejó que lo controlara, pues sus necesidades de alimento para él y los suyos eran muy superiores a lo que sentía. De igual forma, todos experimentamos esta emoción en alguna circunstancia de nuestra vida (incluso cuando se trata de algo positivo como un nuevo trabajo que hemos esperado y deseado).

Ahora es importante recordar que:

Solo cuando mi deseo sea mayor que mi miedo, seré capaz de enfrentarlo y superarlo.

Si lo que deseo no es más grande que lo que temo, el miedo será mi amo. Un estudiante de medicina desea graduarse pronto para tener su propio consultorio o trabajar en la mejor clínica. Así podrá ser el mejor médico en su especialidad para ser jefe de otros médicos y tener muchos pacientes. Esto le permitirá no solo ganar dinero sino disfrutar de prestigio e, incluso, un posible puesto gubernamental. Este es un claro ejemplo de superación personal que no da lugar a que el miedo tome el control de la persona. 

Cuando, por algún motivo, mi deseo se apaga, me convierto en una presa fácil del miedo. Retomando el ejemplo del ser humano primitivo: si veo un mamut, sin duda me asustaré; pero si siento hambre y veo un ciervo, no dudaré en cazarlo para poder comerlo con mi familia. Y los siguientes días, haré lo mismo para satisfacer nuestra hambre y cubrir esa necesidad básica. En estas circunstancias, por lo general, aparece alguien que nos dice: “¡Tené cuidado! Hay un mamut peligroso merodeando la zona”. ¿Te suena conocido? 

Si bien esta es solo una metáfora, ilustra muy bien el hecho de que todos, en alguna ocasión, nos decidimos por el conejo porque le tenemos miedo al mamut. Tan grande es nuestro temor que nos paralizamos y, en lugar de atrevernos a enfrentar lo que parece difícil, nos quedamos con lo que nos resulta más sencillo y nos brinda seguridad. Por supuesto, sin lograr jamás superarnos a nosotros mismos. 

Para que el miedo no gane la batalle, podemos activar conscientemente el deseo de superación que llevamos adentro. Solo así podemos mirar el temor que sentimos a la cara, dejarlo atrás y accionar en nuestro beneficio. Deseo y temor se oponen… ¿cuál de los dos vas a escoger?



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