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31/07/2017

Columnas y Opinión

Por Bernardo Stamateas

La importancia de lo que decimos

 

Todos los seres humanos corremos la carrera de la vida. Pero para llegar a la meta, y esto lo saben muy bien los atletas, necesitamos despojarnos de todo aquello que nos agobia y no nos deja avanzar. El término despojarse quiere decir “desnudarse” y metafóricamente implica sacarse de encima un peso.

¿Qué carga deberíamos sacarnos de encima para correr livianos la carrera de la vida?

Los secretos. Se trata de esas vivencias que hemos tenido, o esas acciones que hemos realizado hace tiempo, que no se las contamos a nadie por vergüenza, o por miedo al qué dirán. Mucha más gente de la que imaginamos guarda secretos. Algunos fueron abusados en la infancia y nunca nadie cercano se enteró. Otros sufrieron (o cometieron) una infidelidad, un engaño, una traición y no se atrevieron a decírselo a nadie.

Todos tenemos algún secreto guardado. El problema surge cuando esos secretos se transforman en una carga tan pesada, que hace que nuestro cuerpo se enferme. La causa de muchas enfermedades se encuentra en el hecho de que:

Lo que la boca no dice el cuerpo lo habla.

Cuando una persona guarda en su interior emociones relacionadas con hechos vividos, más adelante en su vida puede somatizarlas y es ahí donde aparece la enfermedad. Porque el cuerpo está hablando lo que la boca se calló. Todo secreto no confesado termina por lastimarnos a nivel físico. Hay personas que, por mucho que se esfuercen, no logran tener ideas creativas, o nunca son capaces de prosperar y salir adelante en la vida porque tiene secretos que los mantienen atascados. Algunos incluso han reprimido la capacidad de disfrutar.

Todas las cosas ocultas acaban por lastimarnos a nivel emocional. A veces las familias guardan secretos durante años e, incluso, por generaciones. Hasta que un miembro lo descubre y decide sacarlo a la luz. Si anhelamos ser personas sanas que puedan caminar por la vida sin ningún peso que las limite, no debemos guardar ningún secreto. Por dura que sea la verdad de lo sucedido.

Los seres humanos contamos con una herramienta valiosísima que puede sanarnos tanto interna como externamente: lo que hablamos, nuestras palabras, nuestra confesión. ¿Qué es la confesión? Y aquí no me refiero a su sentido religioso. Confesar es no solo contar lo malo, sino también expresar lo bueno.

Vos y yo podemos aprender a usar nuestra boca para soltar todo lo triste del pasado, lo secreto que nos produce vergüenza y, por lo general, cargamos solos. Pero además, para soltar aquellas palabras que nos acerquen a todo lo que queremos lograr en la vida. Cada vez que confesamos positivamente, sin darnos cuenta, atraemos lo invisible y lo hacemos visible.

¡Hay un poder extraordinario en lo que decimos!

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a [email protected]


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