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04/11/2017

Columnas y Opinión

POR BERNARDO STAMATEAS

Cómo manejar la amargura

No importa lo que nos suceda, siempre tendremos dificultades y luchas. Todos los que estamos vivos experimentamos situaciones que quisiéramos que pasaran de largo pero son parte de la vida. Por eso, cuando una persona pregunta: “¿Por qué me pasa esto a mí?”, deber saber que es imposible que no vengan tiempos duros. Es fundamental recordar que todos, en algún momento, vamos a vivir dificultades. No existe la vida sin problemas. Para algunos son más graves que para otros, pero nadie está exento.

Siempre habrá circunstancias y personas que nos van a lastimar, pues es imposible que todos nos quieran. Entonces para no terminar sumidos en la amargura, tenemos que desarraigarla de nuestra vida para siempre. ¿Qué es la amargura? Es dolor y bronca que quedan congelados en el pasado, como en una foto. Y desde el pasado, literalmente gobiernan y dominan nuestro presente.

Cuando una persona está frustrada, amargada y detenida en el pasado, es porque quedaron emociones negativas enquistadas en ella que no le permiten disfrutar del presente. Lo que vive, en realidad, es la repetición continua del pasado en el presente. Uno vive con amargura en el presente porque quedó atado al pasado.

Una joven con quien tuve la oportunidad de conversar no dejaba de quejarse de su trabajo, del país y de esto y aquello. En un momento de la charla, me comentó: “Yo siempre quise ser abogada pero no pude estudiar”. Esa frustración de no haber podido estudiar abogacía era lo que la llevaba a la amargura del presente.

Muchas de las cosas de las que nos quejamos hoy tienen su razón de ser en tristezas o decepciones del ayer que no hemos procesado. Muchas de las quejas que expresamos, aun sin que nos demos cuenta, no pertenecen al presente sino al dolor sin resolver del pasado. Una persona amargada no solamente frustra su propia vida, también frustra a los demás.

Cuando una persona decide vivir amargada, por alguien o algo del pasado, empieza a envenenar el presente. Por eso, a todos nos ha sucedido que alguien viene a atacarnos, o nos hiere de golpe con sus palabras, y uno se pregunta: “¿Por qué me trata así?”. Se trata de gente llena de amargura que, no solamente se frustra a sí misma, sino a todo aquel con quien se cruza.

El amargado frustra a la gente y todo su mundo.

El mundo de alguien con amargura se angosta. Por eso, se le nota en su rostro y no lo deja disfrutar de nada. Es tanta la presión interna que tiene que elige una única fuente de dopamina (de placer interno), que puede ser el sexo, diferentes adicciones e incluso, el trabajo. Se refugia en una única área porque está frustrado en todas las demás.

La amargura, al igual que un árbol, puede llegar a crecer alto y profundo. Y por más que le cortemos las raíces, estas vuelven a crecer. Basta una sola decisión para decirle a esta emoción tóxica: “Desarraigate”. Uno, y nadie más que uno, tiene la libertad de decidir cómo va a vivir. La decisión de ser libre siempre es mía.

 

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

 


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