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10/01/2018

Columnas y Opinión

POR BERNARDO STAMATEAS

Vivir con metas

Todos tenemos ciertas áreas que son para ser disfrutadas. ¿Tenés amigos? ¿Qué hay que hacer con los amigos? Disfrutarlos. ¿Y con la familia? Disfrutarla. ¿Y con un hobby? Disfrutarlo. Ahora, tanto en el trabajo como en el estudio, necesitamos establecer metas. Hay áreas en las que no hay que ponerse metas, solamente hay que disfrutar. Pasar tiempo con amigos o con la familia, tener una actividad preferida, viajar, etc. son cosas que la mayoría de la gente disfruta. Pero en aquellas áreas de responsabilidad que tenemos, hay que pensar en metas a alcanzar.

El problema está en que nos enseñaron que todo es para disfrutar. Entonces cuando uno le pregunta a alguien qué metas tiene en su trabajo, por ejemplo, responde: “Progresar”. “¿Y cuánto querés progresar?, ¿qué te gustaría estar haciendo?”. “No sé”. O: “¿Qué metas tenés con tu estudio?”. “Me gustaría hacer una carrera pero no sé cuál”. Si queremos avanzar en la vida y tener logros, necesitamos aprender a pensar en metas. Ya desde chicos, necesitamos incorporar metas en nuestra vida porque, por la cultura en la que vivimos, nos cuesta hacerlo y eso hace que seamos fácilmente manipulados y vivamos a la deriva.

Una vez que nos ponemos una meta, ¿cómo podemos saber que la hemos logrado? Para ello, la meta tiene que ser específica. Es decir, numérica. Por ejemplo: “Quiero leer un libro por mes” es una meta específica. “Me gustaría leer más” no lo es. Tenemos que disfrutar pero solo las áreas que fueron creadas para disfrutar. Hay otras que fueron creadas bajo metas. Todos los días fijate metas pero no metas a tantos años sino para hoy. ¿Sabías que la gente exitosa tiene una “check list”, al igual que los pilotos de avión? El exitoso se toma su tiempo para agarrar un papel cada día y anotar: “Hoy voy a llamar a tal persona; hoy voy a vender tanto; hoy voy a comprar tanto, etc.”. Y arranca su día cumpliendo metas.

La persona que solamente disfruta y nunca asume desafíos, puede caer en el desgano. Mientras que aquella que solamente tiene desafíos y rara vez disfruta de algo, puede acabar enfermándose. Lo ideal es tener un balance entre ambas cosas.

Algunas ideas generales con respecto a las metas:

-Las metas no deberían ser demasiado difíciles como para no lograrlas; ni tampoco demasiado fáciles como para aburrirse.

-Las metas tienen que ser siempre a corto plazo: diarias, semanales y/o mensuales (porque nadie sabe dónde va a estar dentro de unos años).

-Cuando fijamos una meta, debemos ser rígidos con ella pero flexibles en el camino. Por ejemplo, si yo digo: “Hoy me propongo llamar a cinco clientes”, no importa si tengo teléfono o no, tengo que cumplirlo.

-Cuando no logramos una meta, hay que achicarla. Si no logré llamar a cinco personas, me propongo llamar a dos. Y si no pude llamar ni a dos, llamo al menos a una. Pero voy logrando algo. La autoestima no se forma con el “vos podés”, sino a través de los logros.

Cada meta que decidimos ponernos nos genera un desafío y no hay nada más emocionante que vivir la vida superando desafíos. Y este es un momento especial para proponérselo. Un año que termina y uno nuevo que comienza. ¿Estás preparado?

 

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a [email protected]

 


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