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10/02/2018

Columnas y Opinión

POR BERNARDO STAMATEAS

Cómo vivir sin máscaras

Muchas personas usan máscaras porque no quieren darse a conocer a los demás tal y como son. Para ser libres de las máscaras, necesitamos aceptarnos a nosotros mismos con fortalezas y debilidades. Todos venimos fallados de fábrica. Algunos creen que el hecho de cometer errores los convierte en “un error”. Ningún ser humano es perfecto, todos precisamos aprender y evolucionar.

 

Para ello, no tenemos que compartir con otros, sino proponernos superarnos a nosotros mismos un poco más cada día. Las personas que miran constantemente lo que los demás hacen y los juzgan no son capaces de mirar hacia adentro, y mucho menos de aceptarse a sí mismos. Comparto tres áreas que debemos sanar para vivir sin máscaras:

 1.       El niño interior

Todos, independientemente de nuestra edad, llevamos un niño adentro del que nos hemos olvidado y al que le prestamos poca o nada de atención. Ese niño representa nuestra capacidad de divertirnos, de reír, de disfrutar. De chicos, lo hacemos espontáneamente pero a medida que pasa el tiempo, y sobre todo por las vivencias que tenemos, la anulamos y pasamos a ser adultos tristes, amargados y algunos, conflictivos. Todo lo negativo que nos sucede debería ser un entrenamiento que haga surgir en nosotros algo bueno. Y sin importar la mirada ajena, siempre deberíamos vivir la vida en plenitud, divirtiéndonos y pasándola bien, como hacen los niños. Solamente cuando nos volvemos a conectar con nuestro niño interior, somos capaces de vivir entusiasmados y apasionados.

 

Algunas características de los niños a tener en cuenta:

 

  • No viven en el pasado, sino en el presente.
  • Se olvidan rápido de lo malo y disfrutan lo bueno.
  • Saben y no les importa pedir disculpas, perdonar y seguir adelante.
  • No guardan rencor.
  • Les ofrecen su amistad a todo el mundo.
  • Hacen uso de su imaginación a menudo.
  • Se sorprenden de todo lo que descubren a diario.
  • Demuestran lo que sienten sin restricciones.

 2.      El adulto

Mientras el niño juega, el adulto sale a conquistar. También necesitamos restaurar nuestra capacidad de conquista. Es genial divertirse y pasarla bien pero a veces es necesario ensanchar el territorio, lo cual quiere decir: atrevernos a ir por más. La razón por la que anulamos esta capacidad es que tenemos muchos miedos. Por eso, es fundamental ser libre de ellos y sanar toda herida emocional que no nos permita funcionar con libertad.

 3.      La capacidad de ser padre

Y en tercer lugar, tenemos al padre que es el encargado de dar. Además de jugar y conquistar, tenemos que desarrollar la capacidad de cuidar a otros (no necesariamente solo a nuestros hijos). Por la ley de la siembra y la cosecha, todo lo que hagamos con otros, alguien más lo hará con nosotros. Pero escojamos inteligentemente sembrar cosas positivas para cosechar lo mismo. No hay nada más maravilloso que ser un mentor y dejar huella en la vida de las personas.

 

Estos tres roles funcionando de manera sana nos liberan de la necesidad de usar máscaras y nos conducen a tener vidas con propósito.

 



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