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03/03/2018

Columnas y Opinión

POR BERNARDO STAMATEAS

Hablemos de amistad

Muchas personas tienen la idea de que un amigo es aquella persona con la que se comparte absolutamente todo. Pero a veces, no tenemos un único amigo con el que compartimos en todas las áreas, sino distintos amigos con los que compartimos diferentes aspectos de nuestra vida.

Es así como tenemos los “amigos del trabajo”, los “amigos de la escuela o la universidad”, los “amigos del barrio”, etc. Con cada uno, hay distintos códigos que son propios de ese grupo. Lo cierto es que los seres humanos somos sociales por naturaleza, y uno de los vínculos más destacados que forjamos (y disfrutamos) es la amistad.

Pero antes de continuar, definamos el término amistad. Amistad es una clase de unión afectiva que surge de la empatía. Esta última es la capacidad de ponerse “en los zapatos del otro”. Todos, aunque creamos lo contrario, precisamos tener amigos y algunos tienen más amigos que otros. Un adolescente es capaz de hacerse amigo de una persona porque comparten una preferencia en especial. Pero de adultos, solemos tener amistades más profundas.

De acuerdo con el grado de confianza, es posible mencionar cuatro categorías de relación:

 

1.  Los conocidos: Aquí incluimos a los compañeros de trabajo y las personas con quienes realizamos ciertas actividades pero con quienes solo intercambiamos sonrisas y saludos. Los vecinos pueden entrar en esta categoría.
2.  Los compañeros: Son aquellos con quienes compartimos una actividad, lo cual incluye un compromiso que surge de la tarea en común. Como ejemplo, podemos mencionar a compañeros de trabajo, de proyectos comunitarios o solidarios, de estudio y todo aquel con quien pasamos tiempo juntos. La relación dura lo que dura la actividad.
3.  Los amigos: Son aquellos con quienes compartimos mucho más que con los anteriores y, por lo general, somos confidentes. De ellos, esperamos más que de un conocido o un compañero.
4.  Los familiares: Algunos comparten muchas cosas con ellos; mientras que otros prefieren pasar tiempo con sus amigos. En la mayoría de los casos, son quienes nos conocen de verdad.

 

Te invito ahora a analizar los diversos grados de amistad:


a.      Verlo con frecuencia. Compartir cosas cotidianamente ayuda a generar una amistad. Pero, de ninguna manera, la cotidianeidad limita la amistad. Con los compañeros del secundario, nos vemos a diario durante cinco años y, en muchos casos, después no volvemos a vernos.

b.      Tener la necesidad de verlo. La amistad posee un nivel de compromiso mayor que la cotidianidad e implica el deseo de ver al otro para compartir. Esto sucede porque uno se identifica con el otro.
c.      El sentimiento es mutuo. La amistad se puede comparar al enamoramiento: puede empezar por uno pero, tarde o temprano, acaba siendo mutua.

 

Para concluir, ¿cómo podemos mantener una amistad a través del tiempo? Se necesitan básicamente estos tres elementos: una historia en común, cotidianeidad (vernos a menudo) y espacios de momentos compartidos (esto no incluye comunicarse por las redes sociales).

 

Un amigo verdadero es uno de los mayores tesoros que nos puede dar la vida.


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