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03/04/2018

Columnas y Opinión

POR BERNARDO STAMATEAS

Convertir frustración en fortaleza

En el idioma griego existen dos acepciones para el término “palabra”. Una es logos y la otra es rhema. Logos hace referencia a una palabra escrita; mientras que rhema es una palabra que causa impacto en quien la escucha y lo ilumina. La persona, de repente, exclama: “¡Esto es para mí!”.

 

La suma de palabras del tipo rhema se denomina sabiduría. Por eso, siempre que oigamos o leamos algo, deberíamos buscar un mensaje personal, algo que nos hable y produzca un cambio en nosotros. Hoy quiero compartir algunas ideas (con la intención de que se transformen en rhema) con respecto a la frustración. Algo que todos, en algún momento, vamos a enfrentar. ¿Qué podemos hacer frente a la frustración? Principalmente cercarla a través de dos actitudes:


1. No convirtiendo un malestar profesional en algo personal

Si yo deseo aprender a tocar una pieza musical pero no lo logro, a pesar de practicar todos los días, tengo que seguir adelante. Me puedo sentir frustrado como profesional, pero jamás debería sentirme frustrado como persona. Quien se frustra como persona suele abandonar todo ante el menor obstáculo. Pero si, en cambio, no reacciono emocionalmente, puedo decir: “Esto no me sale como lo espero pero sigo adelante”. Uno puede estar frustrado en ciertas áreas sin sentirse un fracaso total.

 

2. Haciendo muchas cosas en secuencia

Aquel que es capaz de mantener su atención durante 15 minutos, con motivación, puede llegar a durar 40 minutos. Todo lo que marca un contraste nos llama la atención. Si, por ejemplo, durante una obra de teatro, todo el mundo está en silencio y alguien comienza a hablar por teléfono, le prestarán atención por el contraste. ¿Por qué? Porque todo lo que es diferente del resto genera nuestra atención. Cuando hacemos muchas cosas secuenciales, necesitamos variar el objetivo. Lo ideal es dedicarse a varias cosas a la vez, no a tantas que nos dispersemos ni a una sola que nos enfoquemos.

 

Los seres humanos no prestamos atención a diez cosas simultáneamente, sino en secuencia. Y la atención es la puerta de acceso a la memoria. Recordamos aquello a lo que le brindamos nuestra atención de forma visual y auditiva por dos razones. En primer lugar, porque la variedad activa la motivación. Ver poco nos conduce al aburrimiento. Y en segundo lugar, porque cuanto más uno hace, más energía tiene.

Es lo que se conoce como la “ley del fluir”: cuanto más me muevo, más energía produzco.

 

No sucede lo mismo en el área de los afectos. Por ejemplo, si un médico le dice a su paciente: “¿Qué es lo que tiene?” y, al mismo tiempo, escribe sin mirarlo a los ojos, allí no hay conexión afectiva. Pero si un médico primero escribe y, cuando termina de escribir, mira al paciente a los ojos y le habla (conversan), allí se produce la conexión.

 

Esperar la frustración y cercarla nos ayuda a no frustrarnos inútilmente. Pero la frustración esperada, cercada y expresada se transforma en fortaleza. No es necesario evitar la frustración sino aprender a manejarla, lo cual nos hace fuertes y cada día un poco más sabios.

 


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