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15/05/2018

Columnas y Opinión

POR BERNARDO STAMATEAS

Decidiendo sabiamente

 

Hay un refrán que dice que la vida no consiste solo en tener una buena racha sino en saber manejar bien una mala racha. Muchas personas cometen los mismos errores una y otra vez y sus resultados son siempre los mismos. No se dan cuenta de que necesitan introducir algún cambio con urgencia.

 

Repetir las mismas estrategias que hemos utilizado durante años nunca nos lleva al éxito. Si las cosas no salen como nos gustaría y anhelamos otra cosa, necesitamos revisar nuestras acciones, no para juzgarnos y castigarnos a nosotros mismos, sino para cambiar aquello que sea necesario e introducir algo nuevo. Solo así los resultados serán favorables. Tal como en un juego de ajedrez, es importante detenerse a pensar cómo mover cada pieza del juego de la vida para ganar.

 

Y en esto es fundamental aprender a decidir bien, si es que aún no lo hemos hecho. Es decir, no decidir entre lo malo y lo bueno, sino entre lo malo y lo mejor. Todos hemos experimentado emociones negativas, como enojo, miedo, frustración y depresión, después de haber tomado una mala decisión y, sobre todo, de haber sufrido las consecuencias. Es normal sentirse así pero tales sentimientos no deberían de ninguna manera dirigir nuestras acciones posteriores.

 

¿Cómo tomar las mejores decisiones? ¿Es posible? ¡Claro que sí! Tal vez en el juego de la vida moviste alguna pieza en dirección contraria a la jugada que querías hacer pero, hasta que el juego no termine, nunca se sabe quién será el ganador. Por eso, en lugar de lamentarte por tus malas decisiones, podés comenzar por recordar que la última jugada aún no fue realizada. Y mientras hay vida, hay posibilidades de mover las piezas de otra manera.

 

Para tomar decisiones sabias, debemos escoger los mejores pensamientos. Aquellos que construyan, que nos impulsen a ir siempre por más. Por ejemplo, hay personas que dicen, cuando cometen un error: “A mí, todo me sale mal”. Un buen pensamiento sería: “La próxima vez lo haré mejor… ¿qué puedo aprender de esto?”. No se trata de tener pensamientos positivos ni repetitivos (“me va a salir bien, me va a salir bien, me va a salir bien”), sino más bien de escoger ideas beneficiosas para nosotros. Pensar bien es un hábito que se puede desarrollar, si uno no lo tiene.

 

Algunos poseen la creencia que el tomar malas decisiones depende del destino de cada uno, pero esta idea no es correcta. Donde hoy nos encontramos depende de las decisiones que tomamos ayer y donde nos encontremos mañana dependerá de las decisiones que tomemos hoy. Los seres humanos decidimos todo el tiempo. El poder de decidir nos ha sido dado a todos pero, incluso de adultos, podemos aprender a decidir bien, si no hemos tenido modelos de buenas decisiones en nuestra infancia.

 

Si las malas decisiones, tales como las basadas en fantasías, en conflictos, en el qué dirán, o en la ignorancia, te han conducido a una vida llena de sinsabores, enfocate en desarrollar una mentalidad orientada a superarte a vos mismo. Batí tu propio récord. No te compares con nadie. La vida consiste en avanzar o detenerse. Pero la decisión siempre es tuya y de nadie más.


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