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28/05/2018

Columnas y Opinión

POR BERNARDO STAMATEAS

El poder del amor

Mucho se habla de la importancia del amor. Que tenemos que amarnos unos a otros, que tenemos que amar a nuestros hijos, que los miembros de una pareja o una familia se tienen que amar entre sí. Sí, es verdad tenemos que amarnos pero, ¿qué es el amor?

El amor no es un sentimiento. Por eso, existe el mandamiento de amarnos unos a otros. No es posible ordenarle a alguien que sienta algo. Es como si yo te dijera: “Te ordeno que tengas miedo”. El amor no es un sentimiento, aunque se siente. El amor tampoco es enamoramiento. Enamorarse es biología pura, apasionamiento temporal como bien sabemos los que nos hemos enamorado. Porque cuando uno está enamorado, no ve los errores del otro. Con el tiempo, los empieza a ver y no se trata de que la persona me engañó sino de que no la vi como realmente es.

¿Qué es el amor entonces? Un mandato: respetarse uno al otro. Tengo que amar a los demás como me amo a mí mismo. Si no me amo a mí mismo, no puedo amar a nadie. Hoy en día el problema de mucha gente es que no sabe amarse a sí misma. No hay que amar al prójimo en lugar de a uno mismo, ni más que a uno mismo, ni menos que a uno mismo. El famoso mandamiento dice simplemente: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Una sugerencia sana para quienes no tienen un compañero o una compañera de vida no formar pareja con alguien que no se ama a sí mismo. Cuando vos vayas a formar pareja, lo primero que deberías preguntarle a la persona es: “¿Vos te amás? Probablemente te diga que sí pero tarde o temprano te vas a dar cuenta a través de sus acciones hacia vos porque para amar a alguien, tenemos que amarnos a nosotros mismos.

Y amarse a uno mismo implica proveer y cuidar. Si yo no proveo para mí y no me cuido, jamás podré amar bien a mis hijos, ni a mis padres, ni a mis hermanos, ni a mis amigos, ni a nadie. En primer lugar, amarse es proveer, lo cual significa darme la semilla que necesito para crecer. Es decir, alimentarme para crecer. Una persona que se ama es alguien que se da cosas para crecer, y no me refiero solo a alimentos físicos. Todos deberíamos crecer a nivel mental, físico (quizás el más fácil), relacional y espiritual.

En segundo lugar, amarse es cuidar. El que se ama a sí mismo se cuida. Cuidarse es decirle “no” a lo que me hace mal. Cuando una persona le dice no a una relación, o a una actitud, o a una acción que le hace daño, se está cuidando. Aunque podría hacer algo, que tal vez hace la mayoría, escoge voluntariamente no hacerlo porque sabe que tiene que cuidarse. La persona que sabe cuidarse se ama y, por lo tanto, puede amar a los demás de verdad.

¿Cómo amo al otro? Primero, proveyéndole todas las semillas posibles para que pueda crecer. Cuando yo quiero que mi pareja, que mis hijos, que mis padres, que mis amigos, crezcan en sabiduría, físicamente, relacionalmente y espiritualmente, los estoy amando. Y segundo, cuidándolo. Cuidar a alguien es preguntarle: “¿Qué querés hacer? ¿Qué te parece?”. También estar fuerte cuando el otro está débil y sostenerlo.

En esto consiste el poder del amor: en amarse primero uno para luego ser capaz de amar al otro
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