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02/08/2018

Columnas y Opinión

POR BERNARDO STAMATEAS

Hablemos de obsesiones

 

Hoy en día las obsesiones se han convertido en un problema habitual entre la gente. ¿De qué hablamos cuando hablamos de una obsesión? Podría definirse como un pensamiento, un impulso o una imagen que aparece una y otra vez en la mente y trae como resultado ansiedad y angustia.

Te invito a analizar a continuación las características principales de una persona con algunos rasgos obsesivos:

  • Presta atención al detalle más pequeño en todo lo que hace

El obsesivo ve cada árbol del bosque pero no ve el bosque completo. Es decir, que no tiene visión global. La razón es que se concentra en cada detalle o pormenor, como si tratase de un compartimento separado del resto, e ignora lo demás. Este rasgo convierte a una persona obsesiva en alguien ideal para hacer un inventario o una auditoría. Busca hacer todo perfecto porque equivocarse le provoca culpa y/o ansiedad.

  • Si se trata de un líder, considera a quien está a su alrededor como un “peón” que debe ejecutar sus órdenes

Como líder, el obsesivo no permite la creatividad de los demás debido al hecho de que tiene que controlarlo todo. Podríamos compararlo con una cabeza con muchos brazos. Si, por ejemplo, tiene que organizar una comida, ordenará a su gente comprar determinados alimentos y no aceptará que alguien proponga algo diferente. Todo debe hacerse como él dice y los otros están allí para cumplir sus órdenes.

  • Es incapaz de delegar

El obsesivo no puede delegar demasiadas tareas porque considera que deben hacerse de tal manera y en tal plazo, y él debe controlar que eso se cumpla (esto hace que baje su nivel de ansiedad). Es por eso que quienes trabajan a su lado siempre sentirán presión. El líder obsesivo en muy pocas oportunidades le brinda autonomía a los suyos.

  • Es incapaz de priorizar

Todas las actividades tienen la misma importancia para el obsesivo y nunca logra relajarse. Como consecuencia, si le encarga algo a alguien, lo contacta varias veces al día para estar encima y controlar que se haga según sus indicaciones.

  • Persigue el logro todo el tiempo, por lo que no puede disfrutar el camino

El obsesivo se enfoca tanto en la meta, que no disfruta el proceso para llegar a esta. Si bien adopta un gran compromiso con una tarea (y es reconocido por eso), a diferencia de un profesional que puede pasar horas trabajando y amando lo que hace, no puede disfrutar cada pequeña tarea realizada.

¿Cómo podemos enfrentar nuestras propias obsesiones?

Los expertos que estudian la relación entre pensamientos y emociones, sugieren las siguientes pautas para evitar caer en la obsesión tóxica:

-No precisamos estar completamente seguros para accionar. Podemos actuar, aun cuando tengamos dudas.

-Es posible tolerar un poco de ansiedad, aunque nos provoque molestia e incertidumbre.

-Nadie puede controlarlo todo, ni a todos, todo el tiempo. Intentar hacerlo solo nos conduce a gastar fuerzas innecesarias.

-Todos podemos identificar los pensamientos automáticos (“Si tomo frío, me voy a enfermar”; “si como eso, me va a caer mal”; “va a pasar algo malo”; etc.), haciendo un alto y escogiendo pensar en otra cosa.

Para concluir, no luchar en contra de las pequeñas obsesiones sino permitir que fluyan es quizás la mejor manera de administrarlas y finalmente controlarlas.


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