Martes 18.09.2018

San Miguel de Tucuḿan

16º H 81%
SMTuc


01/09/2018

Columnas y Opinión

POR BERNARDO STAMATEAS

Jugar como niños

¿Acostumbrás jugar? Tal vez pienses qué clase de pregunta es esta para un adulto. El juego es importante en nuestra vida porque activa nuestra imaginación. ¿Sabías que Albert Einstein descubrió la teoría de la relatividad imaginando que manejaba un tranvía a la velocidad de la luz? Él obtuvo su gran poder de imaginación precisamente del juego.

Y ligada al juego, se halla la curiosidad. Esta hace que se active nuestra imaginación que nos resulta útil para resolver cualquier problema. Hasta los animales juegan entre ellos y, de ese modo, adquieren destrezas que después emplean cuando necesitan defenderse.

Si yo te preguntara cómo te imaginás a vos mismo/a de acá a diez años, ¿qué me responderías? Muchos dirían que ni siquiera se han detenido a pensarlo. La razón es que esos adultos no han activado su imaginación debido a la falta de juego en sus vidas. Según los expertos, el juego es aliado del aprendizaje, pues funciona como fertilizante para el cerebro.

Uno suele asociar el juego con los niños, que son jugadores por naturaleza, pero los grandes también necesitamos jugar. Ya que esto no solamente nos divierte sino que además nos estimula y nos ayuda a crear con mayor fluidez. Fundamentalmente jugar nos relaja y nos saca de la rutina que a veces resulta asfixiante.

El adulto que juega conecta con ese tiempo maravilloso durante su niñez en el que obtenía tanto placer solo o con sus amigos. Recalco esta idea: los grandes precisamos jugar un rato a diario, por el bien de nuestra psiquis, de nuestra mente, de nuestra creatividad, especialmente en esta época tan convulsionada que vivimos. No temamos que se burlen de nosotros por jugar.

¿Por qué una criatura juega?

Esta es su ocupación principal. Los neurólogos explican que el juego favorece su desarrollo cerebral, porque la infancia es el período de mayor cantidad de conexiones neuronales. Cuando los chicos juegan recargan energía (y los grandes también). En el pasado se hablaba mucho de la crisis de la década de los 50 o los 60 pero actualmente estamos escuchando hablar de la crisis de los 20 o los 30 años. El motivo es que nuestros jóvenes pierden la capacidad de juego a temprana edad.

Se descubrió que quien ha mantenido el hábito de jugar regularmente a través de los años, aprendido en la niñez, está más capacitado para trabajar en equipo. Dicho aprendizaje se traslada no solo al ámbito laboral sino a cada área de la vida y la persona se relaciona de manera sana con la gente porque sabe distenderse y tomarse la vida con alegría. ¡Y todo por el juego!

Te invito a regresar a tu infancia, a esos años donde todo era despreocupación y diversión. ¿Por qué? Porque entonces jugábamos con espontaneidad. Nadie tuvo que enseñarnos a jugar, muy pronto descubrimos por nosotros mismos qué era lo que más nos gustaba. Y el juego era distinto para cada niño. Mientras unos escogían la música, otros preferían el deporte, entre muchas otras alternativas.

Tengas la edad que tengas, nunca dejes de jugar y la imaginación y la creatividad siempre serán parte de tu vida.


Recomienda esta nota: