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03/10/2018

Columnas y Opinión

POR BERNARDO STAMATEAS

La trampa de la angustia

Cuando uno siente angustia, suele ver todo negro, todo mal, todo negativo. Aun cuando uno no sea una persona pesimista. ¿Por qué sucede esto? Porque esta emoción podría compararse a un aislante que no nos deja reconocer la oportunidad que se esconde detrás de una crisis o de un hecho traumático.

Todos los seres humanos, por lo general, hacemos una interpretación de la realidad, de acuerdo con nuestro estado emocional. Por ejemplo, cuando alguien siente furia, todo le molesta. Este es un modo negativo de ver la vida porque, aunque todo puede tener un aspecto negativo, la persona se está enfocando solo en un lado de la moneda.

La angustia nos conduce a ese costado negativo que no nos permite ver el sol. Es decir, que condiciona y limita nuestra vida y empezamos a experimentar cada situación desde el pesimismo. En la angustia, no vemos la salida a una dificultad y sentimos miedo ante el futuro inmediato. Y hasta el más pequeño malestar puede potenciar lo que sentimos.

Estas son algunas de las circunstancias que pueden desanimarnos aún más, cuando estamos angustiados:

-Una mala contestación de nuestra pareja puede hacernos pensar: “A mí, nadie me respeta”.

-Un colectivo perdido justo a pocos metros de la parada puede disparar el pensamiento de: “Todo lo malo me ocurre a mí”.

-Un corte de electricidad, aunque sea en todo el edificio o en toda la cuadra, puede hacernos sentir totalmente desamparados.

-Un ascenso que esperábamos y terminan dándoselo a otra persona en el trabajo puede conducirnos a pensar que somos un fracaso.

Y podríamos continuar hasta el infinito pero todas estas reacciones son producto de la angustia que sentimos internamente y, muchas veces, desatendemos.

Alguien angustiado muy probablemente sufrirá una serie de eventos desafortunados que lo llevarán a creer que el mundo entero está en su contra… que eso es lo que le tocó vivir y no puede hacer nada al respecto para cambiarlo... que nadie lo valora… etc. Cuando damos rienda suelta a la angustia, esta nos va llenando de una tristeza tan grande que no logramos ver que nos estamos dañando con esos pensamientos.

Lo cierto es que cada persona decide qué pensar y, como resultado de lo que pasa por su mente, qué sentir. Siempre tenemos la posibilidad de escoger buenos pensamientos. Por ejemplo, en lugar de decirnos que no hay futuro, podemos escoger pensar que lo mejor está por venir para nosotros; o que todo lo negativo que hemos atravesado nos ha ayudado para bien. Por lo general, la angustia irá cediendo, a medida que cultives este tipo de ideas en tu mente.

¿Querés superar la angustia? Comenzá dando pequeños pasos como disfrutar de todo lo bueno que hay en tu vida (seguramente hay más de una cosa buena), o hablarte a vos mismo con palabras de ánimo y validación. Incluso cuando algo no resulte como lo esperabas porque la suma de los fracasos es lo que nos conduce al éxito. Si cambiás tu actitud frente a la vida, si te atrevés a pensar de otra manera, tarde o temprano llegará eso que tanto anhelás y toda angustia comenzará a mermar hasta desaparecer.


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