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29/11/2018

Columnas y Opinión

POR BERNARDO STAMATEAS

El rompecabezas de mi vida

Podríamos comparar nuestra vida con un rompecabezas. En dicho juego hay que colocar pieza por pieza en el lugar correcto para armar el cuadro final. Se requiere de mucha paciencia hasta ubicar la última pieza pero uno tiene la satisfacción de haberlo logrado. De igual forma, todos los seres humanos vamos armando nuestra historia a lo largo de los años. A todos, sin excepción, nos han sucedido muchas cosas, algunas muy buenas y otras no tan buenas.

Por ejemplo, cuando uno arma la historia de un viaje, aunque haya algún hecho negativo, toma las mejores situaciones vividas, las une y les da un sentido dejando lo demás de lado. Es importante saber que la manera en la que percibimos los sucesos no siempre es la realidad. Nuestra percepción es selectiva, es decir, que escogemos una parte de la realidad y recortamos el resto. De este modo, nos convertimos en “fabricantes de historias” que relatan su vida como si fuera una película. Todos lo hacemos, seamos conscientes o no. Por lo general, cuando uno se siente bien, incluye tanto los hechos positivos como los hechos negativos, pero a estos últimos los pone debajo de lo bueno que le ocurre en la vida.

Ahora, al armar el rompecabezas de la vida, siempre hallaremos piezas dolorosas. ¿Qué deberíamos hacer con ellas? Aceptarlas. Muchos deciden ignorarlas o hacer de cuenta que no existen, pero la verdad es que siempre estarán con nosotros y son parte de nuestra identidad. El dolor, a medida que pasa el tiempo, se va agotando y se transforma y nos transforma. Es importante recordar que no debe ser superado, y mucho menos reprimido, sino “sentido” a pesar del malestar hasta que se agote.

Por ejemplo, si alguien sufre de repente el abandono o el desamor de su pareja, seguramente se sentirá triste, herido, abatido, deprimido. Tales emociones son perfectamente normales pero con el tiempo la persona, si se permite experimentar el dolor de la pérdida, descubrirá que este va cediendo y mutando dejándole alguna enseñanza y la sensación de que la vida es maravillosa y vale la pena seguir adelante. Es decir, que le dará a esa pieza que le causó sufrimiento un sentido distinto. También tendremos piezas que parecen no encajar en ninguna parte. A ellas, nos conviene dejarlas a un costado para continuar con otras. En algún punto terminarán encajando. Esto es así porque Dios y la vida nos dan siempre nuevas piezas para combinar con las otras y darle un sentido diferente a lo negativo.

Para armar el rompecabezas de nuestra vida, necesitamos saber adónde vamos. Esto significa que debemos tener sueños específicos y ver, con los ojos de nuestra mente, el cuadro final que pretendemos alcanzar. Dicha actitud es la fuente de la fuerza que se requiere para soportar la presión y disfrutar el placer que surjan en el camino. La buena noticia es que podemos seguir construyendo, a pesar de las equivocaciones, y volver a empezar una y otra vez hasta llegar a ese modelo propio para la alegría de nosotros mismos y de los demás.



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