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03/12/2018

Columnas y Opinión

POR BERNARDO STAMATEAS

Largo camino te resta…

Todos necesitamos un mentor. Es decir, contar con alguien que está más adelante en el camino y puede aportarnos de su experiencia y sabiduría. Pero para ello, es fundamental ser humildes y estar dispuestos a oír. También, ser conscientes de que, aun cuando hayamos obtenido algún que otro logro, no lo sabemos todo y largo camino nos resta por recorrer.

Muchos confunden humildad con pobreza de recursos o baja estima pero la persona verdaderamente humilde es aquella que es enseñable hasta el último día de su vida. Como dicen los sabios judíos: “Todos podemos aprender de todo y de todos, todo el tiempo”. El conocimiento no se agota y siempre hay algo más que podemos incorporar para progresar.

La mayoría de los grandes maestros alguna vez fueron alumnos y supieron aprender. Y todo el que avanza sin detenerse, sin duda, ha hecho del aprendizaje algo permanente en su vida. Quien acepta ser mentoreado y captura  la palabra, el consejo, la idea, la sugerencia, del otro disfrutará de un mañana mucho mejor que aquel que piensa que ya lo sabe todo y no precisa de nadie.

Hay un tiempo ineludible de entrenamiento, cuando tenemos metas que alcanzar. Pero también todos podemos alcanzar un tiempo en el cual, aunque no dejamos de aprender, nos transformamos en mentor de otras personas. Y no hay satisfacción más grande que ser un formador de alguien y ayudarlo a crecer y acercarse a su mejor versión. Los más grandes de la historia que tanto admiramos fueron padres espirituales de otros.

Los líderes más importantes en diferentes épocas de la historia han dejado una herencia de la que hacen uso todas las generaciones. Muchos fueron mentores, personas que formaron a otras para ayudarlas a conocerse y extenderse, por medio de herramientas útiles que permiten soltar el potencial ilimitado con el que todos venimos a este mundo. Todos los grandes han tenido discípulos, han dado de sí mismos, y han partido vacíos.

Vos y yo podemos dejar una huella positiva en las vidas de otros seres humanos ayudándolos a ser disparados como flechas que persiguen y alcanzan su propósito. ¿De qué manera lo hacemos? Algunas ideas…

-Confiando en sus capacidades.

-Validándolos, hablando bien de ellos.

-Esperando lo mejor de ellos.

-Recordándoles que en su interior llevan encapsulado un potencial extraordinario.

-Motivándolos en palabra y acción.

-Respetando sus tiempos.

-Amándolos incondicionalmente.

Cuando alguien confía en nosotros, no solo nos impulsa a superarnos y a ir por más, sino que nos brinda la fuerza para enfrentar cualquier desafío, por duro que parezca. Según la ley de la expectativa, quien genera un concepto de estima positiva en otra persona siempre obtiene aquello que está esperando… y más.

En este tiempo especial de fin de año, de encuentro con uno mismo y con los demás, te invito a tomar la decisión de aceptar el aprendizaje continuo en tu vida, hasta el último día, y a convertirte en un atajo para otros que les ahorre tiempo y energía. Porque largo camino te resta…



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