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25/12/2018

Columnas y Opinión

POR BERNARDO STAMATEAS

Nacido para disfrutar

¿En qué se diferencian un profesional que pasa muchas horas por día haciendo su trabajo sin ser consciente del tiempo y otro que no ve la hora de que termine su jornada laboral? En que el primero disfruta lo que hace, mientras que el segundo lo sufre. Cuando disfrutamos lo que hacemos, sea algo pequeño o grande, desconocido o reconocido, “la pasamos bien” y somos felices.

La diferencia en la labor de dos personas exactamente con la misma profesión es la satisfacción y la insatisfacción. Obtener placer en lo que uno hace no implica que no seamos autoexigentes y nos fijemos metas elevadas. Pero dicha actitud nos permite disfrutar tanto el proceso como el suceso. Y además de disfrutar nuestros logros, somos capaces de aceptar nuestros fracasos sin abandonar nunca.

¿Por qué, de dos personas que realizan el mismo trabajo, una disfruta y la otra sufre? Porque la primera está motivada interiormente. Es decir, que no necesita que nadie venga de afuera a animarla, ella misma se pone objetivos y se esfuerza por cumplirlos. En cambio, quien no se motiva a sí mismo, por lo general, demuestra un rasgo de perfeccionismo y nunca está conforme con lo que hace, aunque otros lo alaben. No existen los perfeccionistas felices.

Lo cierto es que todos los seres humanos nacimos para disfrutar la vida. Tal vez por eso, la fórmula para el éxito consiste en:

SATISFACCIÓN + EXPANSIÓN = ÉXITO

Cuando un estudiante no aprueba un examen, en la mayoría de los casos, no se maltrata a sí mismo ni se considera un tonto. Sencillamente se esfuerza un poco más la próxima vez para lograr aprobar (algunos más de una vez). Pero en la vida muchos, aunque parezca increíble, se maltratan a sí mismos. Como resultado, no se respetan ni se cuidan, y mantienen un diálogo interno negativo donde se autocastigan. Muy probablemente han sido tratados de eso modo en la infancia.

Tal vez tratan bien a los demás y siempre están dispuestos a ayudar pero no reaccionan de igual manera hacia sí mismos. Es más fácil ser compasivo y comprensivo con otros que con uno mismo. Pero nunca es tarde para aprender a amarnos de manera equilibrada y a tratarnos como lo merecemos. Quien se trata bien acepta sus errores y piensa: “Sí, es verdad, me equivoqué pero la próxima vez lo voy a hacer mejor”.

Ver nuestras equivocaciones nos permite corregirlas y motivarnos para seguir adelante. Lo ideal es considerar tanto los logros propios (para celebrarlos y motivarnos) como los errores propios (para reparar lo que hicimos mal, aprender y crecer). Solo así podemos disfrutar de todo lo que hacemos y adoptar una actitud positiva frente a la vida.

En este tiempo especial de fin de año, en el que la mayoría de la gente realiza balances de todo lo sucedido, te animo a recordar que sos humano/a: una persona de carne y hueso con aciertos y errores. Pero decidir ver el vaso medio lleno te orienta hacia la satisfacción y la gratitud, a pesar de aquello que no es como te gustaría que fuera, y te ayuda a continuar accionando e ir hacia lo nuevo.



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