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10/04/2019

Columnas y Opinión

POR BERNARDO STAMATEAS

Conociendo al cazador

Cada pareja posee su propia manera de relacionarse, lo cual es como un lazo que une a sus integrantes. Algunos viven constantemente en una especie de juego de ping-pong donde uno dice “blanco” y el otro responde “negro”. Cuando una persona insulta a alguien, muy probablemente el otro reaccionará de modo negativo y devolverá la agresión, o le pondrá un límite, o sencillamente huirá. Si esa persona insulta nuevamente, generará lo que se conoce como “el lazo del cazador”.

Te invito a considerar dos ideas al respecto:

  1. El lazo del cazador busca atrapar al otro. El cazador suele armar un vínculo para hacer sufrir a quien está a su lado. En ese circuito la víctima queda atrapada, aun cuando sea una persona independiente en otras áreas.
  2. El lazo del cazador busca someter al otro. Aquel que está atrapado en este lazo (físico, verbal, sexual o económico), en la mayoría de los casos, no puede darse cuenta. Aunque familiares y amigos intenten hacérselo ver, no es capaz de reaccionar.

Mucha gente se pregunta por qué quien es maltratado no lo puede ver con claridad. La razón es que el maltrato se va instalando sutilmente. Y el sometimiento del cazador se basa en el miedo. El cazador se maneja a través del miedo que le genera a su víctima, incluso sin que esta lo note. El siguiente paso es la violencia, frente a la cual la persona ya no logra reaccionar por sentirse completamente atemorizada (el miedo ya está instalado).

¿Por qué el cazador actúa como lo hace?

Porque precisa sentir que tiene poder y puede controlar, dominar, someter y, en última instancia, poseer a su víctima. “Es mío/a y de nadie más”, piensa. Si en algún momento, la persona sometida consigue escaparse, la perseguirá pero no porque la ame sino porque eso le produjo una “herida narcisista” y es incapaz de soportar que se le haya ido de las manos. En el fondo, el cazador es alguien inseguro y temeroso, aunque se muestre como muy seguro y omnipotente.

¿Cuál es el arma principal del cazador?

Independientemente de que se trate de un varón o de una mujer, lo que primero utiliza para “cazar” a su víctima es la seducción. En un breve tiempo le brinda al otro tanta demostración de cariño, por medio de palabras, regalos, atención exclusiva, etc., que la persona interpreta eso como una señal de amor. “Me ama”, piensa, lo cual no es verdad porque, junto con la seducción, enseguida surgirá el control. “No te vistas así… no quiero que veas a tal persona… tenés que llegar temprano para estar conmigo” y otras frases por el estilo.

Control mezclado con seducción siempre parece razonable y se confunde con afecto y cuidado. Pero nada más lejos de la realidad. El cazado, en realidad, posee zonas vulnerables, como todo el mundo, pero el cazador las detecta y las utiliza a su favor. Casi siempre se trata de inseguridad que lo/a conduce a buscar afuera lo que no encuentra en su interior. Es por ello que, cuando uno se fortalece por dentro, se conoce y se ama, deja de idealizar a los demás y de ser una potencial presa del cazador.


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