Martes 23.07.2019

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06/05/2019

Columnas y Opinión

POR BERNARDO STAMATEAS

Cuando el miedo se convierte en trauma

La mayoría de las personas crecen con miedo y, aunque algunos de esos temores son normales, otros pueden volverse tóxicos e incluso derivar en un trauma. Quien experimenta esta clase de temores tan dañinos, por lo general, ha vivido alguna situación muy negativa y suele presentar las siguientes conductas:

Recuerda con lujo de detalles: La persona cuenta, por ejemplo: “Me acuerdo cuando mi papá me pegaba porque yo después me desquitaba con mi hermano y él me decía… y yo le respondía…”.

Bloquea la situación traumática: La persona se esfuerza por hacer desaparecer sus sentimientos por completo. Para ello, se aísla de la emoción que el recuerdo negativo le provoca. Como resultado, puede compartir una situación que a los demás les parece terrible sin sentimiento alguno, fríamente, como si fuera un robot. En el fondo, es alguien profundamente herido que recurre a un mecanismo psicológico denominado “disociación” y consiste en eliminar la emoción y, al mismo tiempo, reprimirla. Esto sucede porque nuestra mente procura sobrevivir como sea, en casos de circunstancias traumáticas, incluso llegando al punto de la irracionalidad.

Tiene imágenes que se repiten en su mente: La persona vuelve a experimentar la situación traumática vivida. A esto se lo conoce como “flashback”. Está haciendo algo y, de repente, viene a su mente la escena del robo, del secuestro, del abuso, etc. Y junto con la imagen surge el mismo dolor emocional que le produjo el trauma. Es así como vive lleno de temores exagerados, sobre todo a volver a experimentar la misma situación y cualquier cosa puede dispararle esa experiencia por asociación (una persona, un lugar, un olor, una fecha, etc.).

Experimenta hipervigilancia: Es muy común, cuando uno sufre un hecho delictivo en la calle, que después de ello camine mirando para todos lados. De eso se trata la hipervigilancia que experimentan aquellos que han vivido una situación traumática y temen volver a vivir. Incluso cuando uno conversa con ellos, desvían su mirada hacia el costado todo el tiempo porque se encuentran en un estado persecutorio constante del que no logran escapar.

Solo espera un futuro negativo: La persona está tan vulnerable por lo sucedido que cree (equivocadamente) que, si vivió lo que vivió en el pasado, solo le espera un futuro negro. Cuando escogemos pensar de esta manera, nuestras defensas emocionales disminuyen y caemos en un “estado de indefensión” en el que creemos que estamos solos, que nadie nos ayuda, que no nos espera nada bueno y ya no tenemos posibilidad de ser felices.

Si bien las situaciones traumáticas nos provocan una elevada dosis de emociones negativas como temor irracional, inseguridad, culpa, depresión, etc., en vez de esconderlas y hacer de cuenta que nada pasó, siempre contamos con la opción de buscar ayuda profesional. De este modo, lograremos enfrentar lo que sentimos, dejar atrás el miedo y sanar el trauma que tanto daño nos hace. No hay nada que no se pueda superar.



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