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18/03/2020

Columnas y Opinión

POR BERNARDO STAMATEAS

Enfrentar miedos y fobias

Muchas veces nos sentimos detenidos para avanzar en la vida sin darnos cuenta de que el factor que nos limita es el miedo. Este puede tomar muchas formas, por lo que podemos experimentar más de un miedo y, en algunos casos incluso, alguna fobia.

Si esta es nuestra situación, ¿qué podemos hacer para dejar de caminar en círculos? Enfrentar lo que sentimos. El miedo es algo normal pero puede atribuirse a un peligro verdadero o, como ocurre en la mayoría de los casos, a un peligro irreal o imaginario. Es entonces cuando el miedo se puede convertir en fobia. 

Definimos una fobia como un temor excesivo o exagerado que persiste en el tiempo. La persona fóbica hace todo lo posible por huir de ciertas situaciones. En realidad, es una trampa mental que la restringe a tal punto que no es capaz de llevar adelante su vida con autoconfianza. 

Existen todo tipo de fobias: a la gente, a la oscuridad, a los aviones, a los animales e incluso a lugares, y estas se hacen visibles por medio de diversos síntomas. A saber: palpitaciones, pulso acelerado, sequedad de boca, transpiración y mareos. Todo por un deseo intenso de evitar aquello que tanto miedo causa.

Aquellos que sufren de alguna fobia, por lo general, son conscientes de ello pero son incapaces de hacer algo al respecto. El solo hecho de enfrentarla les provoca un sufrimiento emocional intenso. Algunos experimentan lo que hoy se conoce como “ataque de pánico”. Es una sensación de terror severa que se presenta junto con taquicardia y la imposibilidad de respirar. La persona siente literalmente…. ¡que se va a morir!

¿Cómo es alguien fóbico?

Solemos encontrarnos con gente hiperexigente que desarrolló tal temperamento porque fue cargada de responsabilidad en la niñez. Son personas muy ansiosas e hiperactivas cuyas madres los han sobreprotegido entregándoles el siguiente mensaje: “El mundo es peligroso”. Es por ello que han reprimido una gran hostilidad.

La persona que es capaz de acompañar y transmitir seguridad a la persona que sufre alguna fobia se denomina “acompañante contra fóbico”. Si con el paso del tiempo no hay mejoría, quien acompaña podría perder la paciencia e, incluso, llegar a maltratar. Esto solo incrementará el temor de la persona afectada a ser abandonada. En el fondo:

La raíz de toda fobia es el miedo exagerado.

Todos los niños experimentan un grado normal de temor a sus padres pero cuando, por alguna razón, este se intensifica y no se resuelve puede paralizar a la persona y convertirla en fóbica. Muchos perciben la libertad como sinónimo de desprotección. Es por ello que precisan reglas claras para no temer ser abandonados. 

No nacimos para transitar la vida “refugiados en el miedo” y centrados solo en nosotros mismos. Por esa razón, todos necesitamos aprender desde niños a alcanzar la mejor versión de sí mismos y compartirla con los demás. Y frente al temor, todos sin excepción, contamos con estas tres opciones:

  1. Huir.

  2. Fingir. 

  3. Enfrentar y superar.

La elección es personal.



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