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03/11/2018

Columnas y Opinión

POR DANIEL COLOMBO

Chismes en el trabajo: aprende a ponerles freno

Muchas veces nos cruzamos en la vida con personas que parecen tener demasiado tiempo disponible para observar lo que hacemos; y no sólo eso: se especializan en tener una especie de radar que deforma todo, acerca de nosotros y de todos cuantos se le crucen en la vida. Este comportamiento nocivo se expresa también en el ámbito laboral.

Las personas chismosas no discriminan: pareja, familiares, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, y hasta personas que nunca han conocido, forman parte de sus elucubraciones más contundentes. Por lo general, dañinas y ponzoñosas.

Sin entrar en el análisis sobre la veracidad de sus dichos, porque de eso no se trata este artículo, los chismosos son una raza que quieren construir su vida en base a la de los demás. Así, lo que en otros puede ser un rasgo de admiración, en ellos se disfraza de envidia. “Envidia sana” -dicen, justificándose-.

Lo cierto es que los chismosos y chismosas en la oficina son sumamente dañinos bajo toda circunstancia. Y esto resulta así porque drenan tu energía positiva. Te cargan de negatividad, y, además, hay siempre algún grupo dispuesto a dar crédito a pie juntillas de lo que se encargan de vociferar a los cuatro vientos. ¡Ni hablar si les has puesto algún límite, por ejemplo, diciéndoles que no; o cortando por lo sano!

  • La dinámica de los chismes

El chismoso tiene una intención clara detrás de cada enunciación o preguntas capciosas que te realizan: quiere apoderarse de un poquito de ti. Además, no dudan en conformar opiniones generalmente extremadamente crueles, a partir de esos elementos sueltos y al pasar, y comentárselas a terceros: así se nutre su lengua viperina.

Hacerlo porque no tienen otra cosa en su vida de la que preocuparse, o porque quieren darse de supuestamente “bien informados”, o erigirse como dueños de la verdad, o de la moral, las costumbres, lo que se debe o no se debe hacer, el chismoso destruye a su paso con todo lo que se presenta.

Los chismes viajan a la velocidad del sonido; y un pequeño comentario dicho al pasar y circunstancialmente, puede transformarse en un tornado. La saña y mala espina es lo que atraviesa ese mensaje que busca manchar, porque ningún chisme es inocuo.

Otro condimento de los chismosos es la exageración. Como si fuese una bola de nieve, siempre le agregan algún detalle adicional, para agigantar su percepción sobre las cosas. Lo que el chismoso no acepta es su ruindad y mezquindad; es tan pobre su vida interior y su realidad personal, que necesita proyectar hacia afuera, en otros, como si dirigiese una película donde actúa otro. Pero jamás te dará la razón si lo confrontas: se ofenderán, y, por supuesto, propinarán su asestada y más filosa daga: un chisme de proporciones mayores.

A veces también somos público circunstancial de un chisme. El ejemplo típico es en el trabajo, cuando en el pasillo se comenta algo, y de inmediato buscan involucrarte para ser parte de esa especie de ‘cofradía secreta’ que lo único que busca, es repartir responsabilidades -por si hubiese problemas- o diluir la culpa -si es que la siente el chismoso-. Se sabe que la carga repartida es menos pesada.

  • Cómo frenar los chismes

¿Cuál sería la actitud asertiva para desactivarlos de raíz? Aquí van algunas ideas como para encarar el asunto:

  1. Evalúa si eres chismoso. Con una mano en el corazón, si en las últimas 24 horas te has interesado por, digamos, 3 asuntos que no son tuyos ni te involucran, y has prestado oídos y tal vez opinión sobre los mismos, quizás estés en el borde de ser un chismoso. Y si te pasas gran parte del día en el famoso “lleva y trae”, ya sabes la respuesta.
  2. Otra forma de medir si estás en el chisme, es reflexionar internamente si de alguna forma estás eludiendo tu responsabilidad personal sobre los problemas. Y para hacerlo, apuntas con tu dedo acusador a todo aquel que osa recordarte tu condición de ser humano responsable para asumir tus cosas, y no pasárselos a otro. Este es el caso de aquellos que viven justificándose todo el tiempo por tareas que asumen y no cumplen. Y cuando se les pone un “no” o un límite por delante, no dudan en acudir al chisme entre conocidos para ensuciarte.
  3. Practica la escucha activa con el chismoso: una vez que lo hagas, habrás descubierto tu treta; y entonces, podrás preguntarle sin rodeos: “¿Es esto útil para mí?”, ”¿”me sirve de algo”?, ¿”es constructivo en este entorno -familia, poblado, trabajo, amigos?”. Observa la respuesta, y apártate de la persona. Déjala hablando sola. Es la mejor forma de expresarle que no entras en su juego: no hace falta enojarse ni perder la calma. Esto, posiblemente, despierte sentimientos de enojo y frustración en el otro -sumado a algún que otro chisme adicional, con seguridad-. Aunque a la vuelta del camino se cuidará muy bien de saber que contigo no cuenta para el juego del chisme (que, como vimos más arriba) necesita de un público que lo acompañe y replique, si no, pierde sentido esta conducta tan dañina.
  4. No reproduzcas chismes. Olvídalo ni bien te lo dicen. Suéltalo y no te hagas cargo. Es lo peor que le puedes hacer a un chismoso. Mira fijamente sus ojos, no pronuncies palabra; y verás cómo va mermando la excitación del chismoso porque no le das la emocionalidad que el otro había esperado.
  5. Chequea información relevante. Si, por ejemplo, hay datos muy precisos que pudiesen servir de base para indagar con las personas apropiadas en pos de construir un resultado mejor, hazlo. Pero no reproduzcas la emocionalidad e intencionalidad negativa del chisme. Se trata de desactivarlo, o, en caso contrario, utilizarlo para evolucionar hacia una solución de los problemas. Como observarás, esto es muy distinto que el chisme por el chismerío mismo. 
  6. No te lo tomes como personal. El hecho de que el chismoso te agreda por supuesto que es una afrenta; sin embargo, lo que busca el otro es catalizar a través de su lengua viperina su enorme frustración y envidia por lo que tú o el protagonista de su chisme representa frente a él, o . Puede ser tu calidad profesional, tu salario, tu desarrollo, o cualquier otra cosa que al otro le moleste. Como no se anima a expresarlo de una forma positiva, e incluso, pedir ayuda si quiere desarrollar alguna de estas áreas, busca destruirte.
  7. Recuerda que el envidioso no quiere ser como tú: lo que quiere es que tu no tengas más “eso” que tanto le molesta.
  8. Evita compartir temas personales ni laborales delicados con personas chismosas. Seguro que tú ya sabes quienes son; así que es preferible guardar silencio, y rodearte sólo de los que te apoyan.
  9. Si el chisme produce un gran problema en el trabajo: lo mejor es desactivarlo, confrontando a las personas involucradas. Una charla franca, honesta y sin rodeos por el superior que pueda tomar ese rol de mediador y facilitador, bastará por lo general para derribar las barreras. Busca siempre fijar los límites de este encuentro: no agresiones, no interrupciones; y dejar muy en claro el resultado final de esta reunión.
  10. Frases cortas para desarmar al chismoso. “Esto no te compete”, “Es extraño que una persona como tú se dedique a hablar de esa forma de compañeros de trabajo”, “Creo que esto que comentas habla peor de ti que de los demás”, serían algunas de estas formas.  
  11. No trabajes con amigos o allegados. Si quieres tener una mejor vida, no contrates personas para desempeñarse contigo en posiciones de responsabilidad, porque, a la larga, no funcionará. Mucho menos si intuyes que son chismosos. Por supuesto que existen excepciones, que son las menores. Las personas allegadas harán uso y abuso de ciertos atributos de confianza propios del plano personal; y no sabrán en su mayoría como poner límites entre la amistad y el trabajo: allí empiezan los problemas. Lo mejor es desactivar y reemplazarlas, aunque duela o genere conflictos.  

Hay una diferencia entre chismes y rumores; sin embargo, en ambos casos, con el efecto bola de nieve, se agigantan y tienden a estropearlo todo. Es mejor, siempre, pararlos a tiempo; tomarlos uno por uno; y pasarlos por el tamiz de la razón (no del corazón en estos casos), y cerrar ese círculo abierto tan poco virtuoso: el del chismoso y sus enormes ansias de ganar protagonismo… aunque sea diciendo cosas que no son ciertas, y lastimando a los demás.

 

Daniel Colombo

Facilitador, Máster Coach especializado en CEOs, alta gerencia, profesionales y equipos de trabajo; comunicador profesional; conferencista internacional; autor de 28 libros.

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